Ciao, Tony.

21 junio 2013

por Mariano López 

Hoy todos aquellos que desde que tuvimos uso de razón, siempre quisimos ser gangsters, estamos de luto. Siempre se van los más grandes, y cada vez que muere un capo de la mafia, algo muere dentro de todos nosotros. Se ha ido el gran Tony Soprano, también conocido con el alias “James Gandolfini” en su ficha policial. Como tantos otros capos, Tony fue un visionario emprendedor con estilos alternativos de hacer negocios, un hombre que tan solo pretendía parecerse a Gary Cooper, aquel hombre fuerte y silencioso, que hacía lo que debía, y no iba por ahí quejándose. Tony ha fallecido precisamente en Italia, víctima supuestamente de un ataque al corazón, aunque muchos sospechamos que simplemente han tratado de que parezca un accidente. Los Soprano nos han enseñado muchas cosas sobre el honor, la familia, que tal vez sea mejor estar muerto que vivir en Nueva Jersey, y que no hace falta ser un yonki para pasarse todo el día por ahí con un chándal del Carrefour. Antes los Capos de la Mafia palmaban cosidos a balazos, envenenados por una amante despechada, o  dando un paseo por el fondo del mar con unos zapatos de cemento confeccionados a medida (de Armani, por supuesto, que aún hay clases). Eso era forma de  morir, ¡que coño! con estilo y con glamour, a la vieja usanza, como tiene que ser. Ahora el último gran capo ha muerto a los 51 años de un ataque al corazón. ¿A dónde vamos a ir a parar? De todos modos puede que haya elegido el mejor momento para irse: ahora los mafiosos se sientan en los despachos de ministerios, oficinas bancarias, o en el congreso de los diputados. ¡Donde son protegidos por la poli! ¡¿Puedes creerlo Tony?! ¡¡Mamma Mia!! Ya no hay honor entre ellos, pese a que hayan aprendido tanto de tus enseñanzas. Y de las de otros ilustres congéneres.  Todavía hay Omertà, pero ya no hay honor. Ni respeto.

Tony, ya no vas a tener que preocuparte por el FBI, pagar impuestos, hacer dieta, o sufrir con la duda sobre quién saldrá en portada en el próximo número de la revista de Ana Rosa. En este mundo cada vez más estúpido, ¿Qué será lo próximo? ¿Whisky sin alcohol? ¿Farlopa Light? ¿Un programa de protección de testigos en Marina d’Or? ¿Otro disco de Bjork? Dales unos cuantos años más y entre los políticos y la dictadura de lo políticamente correcto,  seguramente las chicas del Bada Bing tendrán que acabar en un servicio de atención telefónica. No, Tony, mejor despedirse ya, y no vivir para ver eso. Ha llegado el momento de sentarse a comer con otros ilustres colegas, como Lucky Luciano, Vito Corleone, Bugsy Siegel, Tony Montana, Al Capone, John Gotti, o Jesús Gil. Escuchando a Sinatra y  emocionándoos todos intercambiando batallitas sobre extorsión, evasión de impuestos, tráfico de drogas, o decapitaciones compasivas…y mejor voy acabando, que ya se me está cayendo una lagrimita. Buena conversación, música, compañía al calor de unos buenos cannolis por toda la eternidad. No me dirás que no es un buen plan, ¿verdad? Además, nadie como un gangster como para ejercer de crítico gastronómico, por esa singular habilidad que poseéis para detectar cuando alguien adolece de suficiente plomo en su dieta. No todo el mundo hoy en día entiende que con una pistola y una palabra amable, se llega muchísimo más lejos que tan solo con una palabra amable (como decía Al) sobre todo ahora, cuando los que os han sustituido abominan de la violencia para después enviar a sus perros a que la ejerceran. Eso sí, en el restaurante, no olvidéis sentaros de espaldas a la pared, de cara a la puerta, y con el coche aparcado fuera con el motor en marcha. Que por muy muerto que esté uno, cuesta olvidar las viejas costumbres, y además nunca se sabe. Hasta siempre, Tony.

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