Tu pantalla amiga

16 mayo 2013

por Mariano López

El pasado martes Iggy Pop visitaba El Hormiguero, programa pretendidamente de humor de Antena 3. La Iguana, de misión promocional, aguantó estoicamente y haciendo uso de castellano semifuncional  la proverbial capacidad de Pablo Motos y compañía para dar vergüenza ajena. De ahí que tanto fans de la bestia de Detroit como todos aquellos con un mínimo de cultura musical en general no pudiéramos evitar la sensación de oportunidad perdida una vez concluido en espectáculo. No ya por la escasez de apariciones de semejante calibre en los medios de comunicación, sino por la absoluta ausencia de programas musicales en la televisión de nuestro país, donde se podría haber realizado una entrevista en condiciones, mucho más jugosa. La televisión musical en este país fue agonizando hasta morir ante la indiferencia general, y tan solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena.

 Mucho habría que decir sobre la influencia del medio televisivo sobre la industria musical. Cuando la MTV echó a andar en 1981, Frank Zappa ya profetizaba que a partir de ese momento se tendría más en cuenta la imagen de determinado músico o grupo por encima de la calidad estrictamente musical. A la vista está que dio una vez más en el clavo, aunque más allá de este tipo de debates, estériles a estas alturas, no puede uno evitar recordar con nostalgia la serie de programas musicales de los que hemos podido disfrutar en España pegados de cara a la pantalla. Ejemplos como La Edad de Oro, por cuyo plató desfiló gente como Johnny Thunders, The Residents, Tom Verlaine o Elliot Murphy, amén de los grandes nombres de La Movida, plató en el que actuaban y eran entrevistados por Paloma Chamorro a ritmo de copas y cigarrillos, algo totalmente impensable en la televisión actual (háganse un favor, localicen los programas en Internet, y disfruten de ellos). También Caja de Ritmos, programa que fue fulminado tras el revuelvo generado por una salvaje actuación de Las Vulpes interpretando “Me gusta ser una zorra” (mira por donde, versión de Iggy & The Stooges). Junto a ellos, Tocata (por donde desfilaron Talking Heads, The Pretenders, Elton John, o incluso Iron Maiden), Aplauso (donde se produjo la última aparición televisiva de Bon Scott, de AC/DC, que días después moriría ahogado en su propio vómito), Popgrama, Musical Express, Que noche la de aquel año, El 7º de caballería, Plastic, IPop, No disparen al pianista, y un largo, larguísimo etc.

 Si la tele mató a la estrella de la radio, la misma tele fue la que mató su propia producción musical. No deja de ser sintomática la analogía entre la progresiva desaparición de los programas musicales y el lento declive de la industria musical, más preocupada por sobrevivir (intentando ponerle puertas al campo y confundiendo molinos con gigantes) que por tratar de colocar sus productos en pantalla en horario medianamente decente. La SGAE, tal vez demasiado ocupada en mandar inspecciones a la BBC (bodas, bautizos, comuniones), tampoco ayuda. El abusivo canon que trata de aplicar por emitir cualquier tipo de composición registrada ha llevado a cadenas como Telecinco o Antena 3 a prescindir de programación musical. Como resultado, la televisión musical queda relegada a la televisión de pago, en otro claro ejemplo de cultura para el que se la pueda pagar, o a horarios intempestivos, con sus consecuentes cuotas de mínima audiencia, y tan solo porque la ley obliga. Cinismo absoluto pues el de los programadores televisivos aduciendo como causa de la falta de programas musicales en mejor horario su baja audiencia. Curioso es entonces que Internet, el medio que tanto las sociedades de cobro y gestión musical como la industria discográfica se encargan de demonizar, es el que haya ido acogiendo cada vez más este tipo de iniciativas, en forma de contenidos audiovisuales realizados por las páginas especializadas, aún con las lógicas limitaciones técnicas y presupuestarias. Si la presencia musical en la caja cada vez más tonta queda reducida al cantante de Obús saltando desde un trampolín, o a Iggy Pop obligado a cantar Mi Limón Mi Limonero, entonces apaga y vámonos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.